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Pequeños invasores que afectan la salud de nuestros niños

En las temporadas de enfermedades respiratorias y particularmente en la temporada escolar, los niños suelen enfermarse con frecuencia por diversos virus o bacterias. Durante esta temporada escolar se recomienda responsablemente mantener al niño enfermo en casa y consultar al pediatra. También es importante reconocer que los padres de estos niños pueden enfermar también.

Hablaremos de la bacteria Mycoplasma pneumonía como la causa más común de neumonía en la comunidad en niños menores de 5 años, aunque afecta a todos los grupos humanos.  En la literatura sajona se la conoce como “walking pneumonia”.  En español se le llama neumonía atípica, neumonía errante, neumonía andante.  Su erradicación no es difícil y se acelera con el tratamiento en base a un grupo particular de antibióticos, conocidos como macrólidos.

“Produce también una forma de infección de los tímpanos que se conoce como miringitis bulosa, una especie de vejigas muy dolorosas en ellos, como las vejigas de la piel por quemadura solar”, nos amplía el doctor Pedro Vargas, Pediatra del Hospital Paitilla.

Se le llama atípica porque las bacterias -entre ellas el Mycoplasma pneumoniae- son organismos que no cuadran bien como bacterias ni como virus y tiene algunos elementos que parecen hongos.  Se aloja en todo el tracto respiratorio y se transmite por la tos al contacto con las partículas húmedas.

Suele comenzar como un resfriado: dolor de garganta, tos seca que luego se hace húmeda, dolor de cabeza y de todo el cuerpo (dolores musculares). Puede presentarse con fiebres breves o ninguna fiebre.  La tos suele ser duradera, de varias semanas, y producir dolor en el pecho y con la tos se puede ver sangre en el esputo. Alrededor del 5%-10% de los niños desarrollan bronquitis y neumonía.  En niños asmáticos desencadena ataques agudos de asma.  En la piel produce una erupción con manchas rojizas y ronchas, erupción máculo-papular, y una erupción de otras ronchas dolorosas a la palpación, que se conoce como eritema nodoso.

Es una enfermedad de alta contagiosidad por la persistencia de tos fuerte, que puede ser seca o húmeda.  Esta contagiosidad se minimiza con el uso de la mascarilla facial, y el mayor riesgo respiratorio es el desarrollo de neumonía y derrame plural, o la acumulación de líquido en el espacio que existe entre el pulmón y su cubierta, la pleura.  La infección de los tímpanos puede producir ruptura de ellos y sangrado, no obstante, muy rara vez se requiere hospitalización.

Otra bacteria que vemos frecuentemente en los niños en estos días es la que produce la faringoamigdalitis estreptocócica.  Hablamos del Estreptococo beta hemolítico del grupo A, o simplemente, Estreptococo A.  “Salir positivo indica que se tiene la infección”.  Existe una “prueba rápida” (“Rapid Strept Test”), cuyo resultado se tiene en menos de 2 horas, y que debe confirmarse con un cultivo de las secreciones de las amígdalas o de la faringe, cuyo resultado tarda 48 horas.

La faringoamigdalitis estreptocócica es altamente contagiosa y el niño debe aislarse hasta cumplidas 48 horas de estar recibiendo el antibiótico específico y las actividades de alta exigencia deben postergarse, por los menos 5-7 días, para permitir la recuperación total del enfermo.

La infección estreptocócica aguda se presenta con fiebres, dolor severo de la garganta, parches blancos en las amígdalas, dolores de cabeza, cansancio, náuseas y vómitos, lengua gruesa y roja como frambuesa, petequias o puntos rojos en el paladar blando.  También puede observarse una erupción cutánea rojiza, fina y extensa que se conoce como escarlatina o fiebre escarlatina.  Esta bacteria también puede producir una neumonía con signos de dificultad respiratoria y tos severa.

“Aunque infrecuentemente, la infección estreptocócica aguda no tratada apropiadamente o con tiempo, puede afectar los riñones o el corazón del niño.  Estas complicaciones se observan varias semanas más tarde y son graves y crónicas”.

Por otro lado, el Estreptococo beta hemolítico del grupo B es una bacteria del tracto urinario y genital que, en la mujer embarazada, representa un riesgo a la hora del nacimiento de su bebé, ya que es el momento cuando éste se puede infectar.

“El bebé infectado con esta bacteria puede morir, o quedar con secuelas neurológicas, como puede curarse sin quedar con daños.  Afortunadamente solo un 30% de las mujeres embarazadas son portadoras de la bacteria, de ellas, solo el 50% la trasmiten a sus bebés y de estos, solo el 1%-2% enferman”.

La madre no tiene síntomas de enfermedad, por eso es necesario investigarla con antelación cerca del final del embarazo para conocer si ella es portadora de la bacteria y entonces, iniciada la labor del parto, se le inyecta sin excepciones el antibiótico recomendado.